Aprendiendo a soltar

Olvidar... se dice que es necesario para poder avanzar. Olvidar también es perder una parte de ti, decirle adiós a aquella persona que eras cuando estabas con quien hoy pretendes no recordar, puede que te gustara más o menos de lo que te gustas hoy pero si decides soltar, tienes que comprender que también se irá ya sea para bien o para mal.
Y es que llevo tanto tiempo aferrándome a ti, que no sé con exactitud si es a ti a quien extraño o si es a quien era cuando estaba contigo. 
Como empezar a olvidarte si sigues presente, si cuando intento fingir que el pasado que tenemos en común jamás existió me aparecen tus fotos recordándome que ahí donde ahora hay alguien antes era mi lugar. 
Y el problema no es que te fueras, es que no te has ido del todo. El problema es que me dejaste pero nunca me dijiste adiós.
Tu adiós se disfrazó de una amistad a medias, de un "sigamos como siempre" mientras te ibas alejando del "nosotras" que no recuerdo exactamente en que momento se olvidó. 
Nunca me dijiste adiós, tal vez por cobardía o simplemente porque también esperabas que fuéramos más fuertes que las circunstancias, nunca me dejaste entender que los términos de nuestra amistad habían cambiado de "hermanas" a "aquella que alguna vez conocí", nunca me dejaste dejar de esperar que regresaras, nunca me dejaste entender que todo había terminado. 
Tal vez la idea cómoda de pensar que es lo común, que las personas cambian y las relaciones se rompen, la idea de que es así es como maduramos, dejando el pasado atrás, esa idea tal vez fue la que te permitió irte en silencio mientras yo aquí estaba, aguardando en la banca de siempre a que vinieras a terminarme aquella historia que solías inventar solo para hacerme reír.
Pero para ser justas es precisamente ese esperar el que también nos rompió, mi pasividad, el no correr a tu casa y gritarte de inmediato cuanto te extrañaba, que me perdonaras si te había herido o si lo hacía con sólo mi presencia, de gritarte que juntas lo podíamos todo y que no quería que nada cambiara, pero tal vez no lo hice porque sé que no ni yo misma me creía esas palabras. Hay momentos en los que sabes que nada volverá a ser igual, y desde aquella tarde mientras caminábamos lo supe, o creo que lo supimos. Y en aquel cumpleaños cuando nos quedamos abrazadas y te pedí que me dijeras cuando estuvieras lista, creo que de alguna forma esa fue nuestra despedida, el punto en el que ambas sabíamos que ese día no iba a llegar, que nuestro tiempo había llegado a su final.
Te extraño tanto a veces, pero sé que estas feliz, sé que de todo esto nació algo hermoso para ti, y aunque me hubiera gustado estar cerca de ti para verte crecer, me alegro que al final todo fuera bien para ti, y aquí sigo, por si alguna vez quieres saber de mi.

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